La autoridad que sostiene

Hoy salimos al parque con Jenn y nuestros hijos. Un plan de esos que parecen sencillos, pero que terminan dejándote una enseñanza que te llevas a casa.
Matías, mi hijo mayor, estaba intentando cruzar el pasamanos. Lo intentaba, pero no podía. Y mientras más difícil se le hacía, más se frustraba.
Llegó ese momento en el que la frustración comenzó a convertirse en malas respuestas, en una actitud que, como papá, también empezó a incomodarme.
Y ahí me vi frente a dos caminos.
El primero era el más fácil: regañarlo, exigirle que cambiara su actitud y hacer valer mi autoridad.
El segundo era acompañarlo.
Pero antes de decidir, vino a mi mente una imagen de mi propia infancia.
Tuve una infancia muy buena. Sin embargo, recuerdo que había momentos en los que bastaba una mirada de mi papá para entender que tenía que recomponerme y seguir adelante.
Y no pude evitar preguntarme si estaba a punto de repetir esa misma respuesta. No porque fuera necesariamente la correcta, sino porque era la que había aprendido.
Lo curioso es que yo también estaba comenzando a frustrarme. Mi hijo no me escuchaba, no respondía como esperaba y, por un instante, su frustración estaba provocando la mía.
Así que respiré. Más de lo normal.
Y decidí hacer algo diferente.
«Vamos, Matías. Yo estoy aquí. Te acompaño. Tú puedes hacerlo. Y si necesitas que te cargue para lograrlo, lo hacemos juntos».
Fue impresionante ver cómo cambió su actitud.
Bajó sus defensas, volvió a intentarlo y lo logró.
Sí, lo logró con mi ayuda.
Y precisamente ahí estuvo la enseñanza.
Porque a veces queremos que nuestros hijos aprendan a superar sus frustraciones, pero olvidamos que todavía están aprendiendo a manejarlas.
A veces confundimos autoridad con conseguir una respuesta inmediata. Y se nos olvida que también podemos ejercer autoridad mientras acompañamos.
Hoy Matías no necesitaba que yo le demostrara quién mandaba. Necesitaba saber que su papá estaba ahí, incluso cuando las cosas no le estaban saliendo bien.
Y entonces pensé en Dios.
En cuántas ocasiones me he frustrado, he fallado, no he escuchado o he querido rendirme. Y aun así, Él no ha dejado de acompañarme.
No me evita el desafío. Siempre me ayuda a atravesarlo.
Hoy fui al parque pensando que iba a enseñarle algo a mis hijos.
Y terminé aprendiendo algo sobre la clase de papá que quiero ser.
No quiero renunciar a mi autoridad. Quiero aprender a ejercerla de una manera que también les dé seguridad a mis hijos.
Porque algún día Matías no recordará cada instrucción que le di.
Pero espero que recuerde que, cuando sintió que no podía, su papá estuvo ahí.
Y eso también es lo que permanece.
Nico Montaño
Historias que se escriben, se viven y se capturan.