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Las notas de Nicolás · Día 283 · 10 de octubre de 2026

Romper la inercia

Hoy me levanté a las 4:20 de la mañana para salir a correr. Y desde que abrí los ojos había una frase que estaba dando vueltas en mi cabeza: Romper la inercia. Les digo algo, para mí una de las partes más difíciles de correr no es necesariamente correr. Es levantarme. Es ese momento en el que suena la alarma, estás descansando, la cama está deliciosa y tu cuerpo te dice que necesita recuperar energía. Y ahí, en cuestión de segundos, tienes que tomar una decisión. Apagar la alarma y seguir durmiendo. O levantarte y comenzar a moverte. Y hoy, mientras pensaba en eso, me acordé de algo que aprendimos en física. Un objeto que está en reposo tiende a permanecer en reposo hasta que una fuerza actúa sobre él y cambia su estado. Y cuando comienza a moverse, si no hay otra fuerza que lo detenga o cambie su movimiento, seguirá avanzando. Y pensé: ¡Qué parecido es eso a lo que nos pasa en la vida! Muchas veces no estamos mal donde estamos. Estamos cómodos. Tenemos nuestras rutinas, nuestras seguridades, las cosas que conocemos y que de alguna manera nos funcionan. Pero entonces aparece algo en nuestro corazón. Una idea. Un sueño. Una inquietud. Una palabra de Dios que nos invita a movernos. Y ahí comienza la pelea. Porque una cosa es sentir que hay algo más para nosotros y otra muy diferente es tomar la decisión de ir por ello. Me acordé de Gedeón. Cuando Dios lo llama guerrero valiente y le dice que vaya con la fuerza que tiene para liberar a Israel de los madianitas. Y también me acordé de Jacob. Después de tantos años prosperando en la tierra de Labán, Dios le dice que regrese a la tierra de sus padres. Y me parece impresionante que en las dos historias hay algo en común. Dios los llama a moverse antes de que tengan todas las respuestas. Gedeón no se sentía preparado. Jacob tenía miedo de regresar y encontrarse con su hermano. Los dos tenían razones para quedarse donde estaban. Pero había una decisión que tomar. Romper la inercia. Y aquí es donde siento que todo esto se conecta con lo que estoy viviendo en esta temporada. Porque llevo días hablando de transición, de atreverme a más, de descubrir nuevos talentos, de construir cosas diferentes para mi familia. Pero hoy entendí algo: La transición no ocurre solamente porque sabes que necesitas cambiar. Comienza cuando decides hacer algo diferente. Y muchas veces esa primera decisión es la más difícil. Porque mientras no comienzas, todo sigue siendo una posibilidad. No has fracasado. No te has equivocado. No has tenido que enfrentar lo desconocido. Pero tampoco has avanzado. Y quizás eso es lo que más me confronta. ¿Cuántas cosas hemos dejado de hacer no porque no podamos, sino porque todavía no hemos tomado la decisión de comenzar? Y ahora les cuento algo bonito. Hace ocho días terminé mis 10 kilómetros en 1 hora y 31 segundos. Me frustré porque quería bajar de una hora. Hoy salí con otro objetivo: correr 12 kilómetros en menos de 1 hora y 12 minutos. Y terminé haciéndolos en 1 hora y 11 minutos. Pero además pasó algo que me emocionó muchísimo. Los 10 kilómetros los hice en 58 minutos. Lo que hace ocho días no había logrado, hoy lo conseguí. Y claro que estoy feliz. Pero mientras pensaba en esos resultados, me di cuenta de algo. Nada de eso habría pasado si a las 4:20 de la mañana hubiera decidido apagar la alarma. El récord no comenzó cuando crucé el kilómetro 10. Comenzó cuando decidí levantarme. Y creo que eso también aplica a muchas cosas que soñamos. Una empresa no comienza cuando genera su primera gran utilidad. Un cambio de vida no comienza cuando ya puedes mostrar los resultados. Un matrimonio no se fortalece solamente cuando supera una gran dificultad. Todo comienza con decisiones. Algunas enormes. Otras tan pequeñas que parecen insignificantes. Pero decisiones que nos sacan del lugar donde estábamos. Y ojo, romper la inercia no significa que después todo va a ser fácil. Seguirán apareciendo obstáculos, cansancio, dudas y momentos en los que tendremos que volver a decidir. Pero hay algo que sí cambia: Ya no estamos en el mismo lugar. Hoy siento que Papá me está invitando precisamente a eso. A no quedarme solamente pensando en lo que podría construir. A comenzar. A tomar decisiones. A dar pasos. Aunque todavía no vea el resultado completo. Porque estoy entendiendo que la valentía no siempre se ve como algo extraordinario. A veces la valentía es simplemente levantarte cuando todo en ti quiere quedarse acostado. Y hoy, después de esos 12 kilómetros, me queda una frase: No esperes a tener el impulso para comenzar. Muchas veces el impulso aparece después de que decides moverte. Y les dejo una pregunta: ¿Qué inercia necesitas romper hoy para comenzar a caminar hacia eso que Dios ya puso en tu corazón?
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