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Una milla más
Hoy estoy sentado frente a este paisaje.
El mar está tranquilo, el cielo está lleno de nubes y, justo en medio de todo, el sol
encuentra un espacio para salir. Su luz atraviesa el horizonte y se refleja sobre el
agua. Abajo están las palmeras, la playa, algunas personas disfrutando del mar y, a
lo lejos, un barco.
Y aquí estoy yo, mirando todo esto y pensando en algo:
El amor de Papá es sumamente ilógico.
De verdad, no encuentro otra manera de explicarlo.
Es un amor que parece no tener límites. Cuando creo que ya me ha sorprendido lo
suficiente, aparece con otro detalle. Cuando pienso que ya me ha dado demasiado,
encuentra una manera de dar una milla más.
Y no sé si a ustedes les pasa, pero a mí hay momentos en los que me cuesta
entender tanto amor.
Porque no es un amor que tenga que ganarme.
No es un amor que dependa de qué tan bien hice las cosas hoy.
Es un amor que simplemente está ahí.
Y hoy, mirando este atardecer, siento que Papá me está diciendo algo muy sencillo:
“Hey, Nicolasito, estoy contigo.”
Y uff, eso me pega.
Porque estos días les he venido hablando mucho de transición.
De atreverme a más, de entender que mi voz tiene poder, de dejar atrás algunos
temores y de caminar hacia cosas que todavía no conozco.
Y aunque estoy emocionado por lo que viene, tampoco les voy a decir que tengo
todas las respuestas.
No las tengo.
Pero hoy, viendo este regalo que tengo frente a mis ojos, me doy cuenta de algo.
Papá no solamente me está acompañando hacia lo que viene. También
está cuidando de mí mientras llego.
Y eso es demasiado bonito.
Porque a veces estamos tan concentrados en avanzar, en descubrir qué sigue, en
alcanzar lo que sentimos que Dios nos ha prometido, que olvidamos disfrutar los
pequeños detalles que Él nos regala en el camino.
Y hoy siento que este paisaje es uno de esos detalles.
Como si Papá me dijera:
“Nicolasito, sé que estás pensando en lo que viene. Sé que tienes sueños,
preguntas y cosas que quieres hacer. Pero mira esto. Disfrútalo. Yo también estoy
aquí.”
Y hay algo que me encanta de eso.
La transición no significa que la bendición está esperando al final del
camino.
La bendición también está en el camino.
Está en los momentos de descanso, en las conversaciones, en las personas que nos
acompañan, en un atardecer que no esperábamos y en esos pequeños detalles que
parecen hechos especialmente para nosotros.
Y hoy no quiero pedir más.
Hoy quiero agradecer.
Agradecer por lo que he vivido, por lo que estoy viviendo y también por lo que
todavía no conozco.
Quiero disfrutar este momento sin sentir que tengo que resolver algo.
Quiero recargar el corazón, descansar y recordar quién está caminando conmigo.
Porque mañana seguiremos avanzando.
Seguiremos soñando, trabajando, atreviéndonos y descubriendo lo que viene.
Pero hoy quiero quedarme un ratito aquí.
Mirando el mar.
Disfrutando este regalo.
Y diciéndole a Papá:
Gracias. Gracias porque aun cuando no entiendo todo lo que estás
haciendo, sigues encontrando maneras de recordarme cuánto me amas.
Y hoy les dejo una pregunta:
¿Cuántas veces hemos estado tan pendientes de la bendición que
esperamos recibir que dejamos de disfrutar el amor que Papá nos está
mostrando justo frente a nuestros ojos?
