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Decidir desde el amor y no desde el temor
Ayer en Living Room hablaron mucho del equipaje que uno carga. De esas cosas que
llevamos encima todos los días, muchas veces pensando en situaciones que ni siquiera
han pasado.
Y eso me dejó pensando bastante en mi vida.
Me di cuenta de que durante mucho tiempo tuve dos caminos frente a muchas
decisiones: intentarlo con temor o sencillamente no intentarlo por miedo a
fracasar.
Y siendo sincero, muchas veces escogí el segundo.
Soy una persona que tiende al perfeccionismo. Entonces esperaba las condiciones
correctas, el momento correcto, sentirme preparado, tener todo bajo control... y
mientras esperaba, algunas veces simplemente no arrancaba.
Porque fracasar significaba enfrentar una frustración que prefería evitar.
Pero en este último tiempo algo ha venido cambiando en mí.
Eso que les he compartido de “mi voz tiene poder” me ha hecho mucho más
consciente de quién soy y desde dónde estoy tomando mis decisiones.
Y ahí entendí que, al final, muchas decisiones se pueden tomar
desde dos lugares: desde el temor o desde el amor.
Cuando decides desde el temor, comienzas a vivir sugestionado por todo lo que podría
pasar.
¿Y si esta persona me hace daño? ¿Y si pierdo esta relación? ¿Y si fracaso? ¿Y si
pierdo lo que tengo? ¿Y si las cosas no salen como esperaba?
Y sin darte cuenta comienzas a cargar hoy con problemas que quizás nunca van a
existir.
Es como vivir sosteniendo todo el tiempo algo que se puede caer.
Pero también está el otro camino: tomar decisiones desde el amor.
Y aquí para mí hay algo muy importante: el amor propio.
Porque cuando realmente conoces tu valor, cuando sabes quién eres y tu autoestima no
depende de lo que los demás piensen de ti, el temor deja de ser el protagonista.
Eso no significa que nunca vas a sentir miedo.
Significa que el miedo ya no toma las decisiones por ti.
Puedes tener miedo y avanzar. Puedes no tener todas las condiciones perfectas y
comenzar. Puedes equivocarte y seguir sabiendo quién eres.
Y creo que ahí está una diferencia gigante para mí hoy.
Antes necesitaba sentir que todo estaba bajo control para dar el paso. Hoy estoy
aprendiendo que puedo dar el paso desde el amor, confiando en mí, confiando en Papá
y entendiendo que incluso si algo no sale como esperaba, eso no define mi valor.
Quizás no se trata de vivir una vida sin temor.
Quizás se trata de construir una vida en donde el amor tenga una voz
mucho más fuerte que el miedo.
Y hoy me queda esta pregunta:
¿Las decisiones que estoy tomando hoy nacen del amor o están siendo
dirigidas por el miedo a lo que podría pasar?
